
Una visita debida y un encuentro esperado, con Inma. En 1994 llegó a nuestra casa en la Giudecca, una Erasmus pequeñita y energética. Aprendí mis primeras frases en castellano (sin saber que las habría utilizado para flirtear con Juan tres años después), utilísimas: ¿Qué pasa? y Bájate de la moto, ¡tía!
Me hizo conocer también Seguridad Social (Chiquillaaaaaa!), las torrijas y las espinacas con pasas y piñones. Se vestía como Ana Torroja en los tiempos de Mecano, aunque yo eso no lo sabía.
En todos estos años hemos logrado mantener el contacto, y cuando paso por Barcelona siempre hay una llamada. Hoy hemos tenido suerte y la hemos encontrado justo antes de que se fuera para una semana de vacaciones. Nos ponemos al día en una magnífica terraza (es arquitecto, claro), los churumbeles que juegan juntos. Ella me cuenta sus aventuras, yo mi vida.



