Pinocho

Mercado de San Antonio, planta octagonal, construido a finales de 1800 por Rovira y Trias. Lo comparan a la Boquería “pero sin turistas”, que no está mal. En agosto está semidesierto, pero suficiente para nuestras necesidades. El edificio es de ladrillo y hierro forjado, con grandes vidrieras. Lo primero que dice León cuando entramos: “Se parece al mercado de Sevilla cerca de la casa vieja”. “Ojalá”, pienso yo, y después “Bueno…”, porque tiene razón: la Estación de Cádiz, en Sevilla, donde ahora está el mercado de San Bernardo, es del mismo estilo, aunque no tan bonita.

Hemos entrado en la boca de la ballena. En realidad es un cachalote, diría León si leyera el blog. Vale, un cachalote.

El animal más fascinante del Aquarium, el pulpo. Tiburones? Ya vistos. Murenas? Hemos dado. Que vengan los pulpos!!!

Linus no es de la misma idea, se queda fascinado, sí, pero también aterrado y hasta el final de la visita preguntará con voz temblante, al acercarnos a una vitrina nueva: “Puppo?”. Aunque luego tengamos que volver a verlo porque estas cosas con ocho patas a nosotros Mayer nos hacen tilín.

El segundo día en la ciudad, ya hay un meeting de Couchsurfing en la playa -nos prometen beach volley y picnic. Acostumbrados a Sevilla, nos quedamos pasmados al ver setenta personas. Montamos la esquina infantil con un simpático danés, Sune, y su estilosísima hija Ambrosia. Acabaremos volviendo a la ciudad andando juntos, hablando de casa colectivas, trabajo, couchsurfing y viajes.

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