“El secreto de la productividad es hacerle hacer el trabajo a los muertos”. Un vídeo de TED.com de Robert Lang, teórico de la matemática del origami, físico de formación que desde hace unos años se dedica sólo a desarrollar nuevos modelos de origami.
Yo sólo se hacer un tipo de origami, mejor -uno y su variante: el cisne, y el cisne que vuela. Takeshi me enseñó a hacerlo en 1985, primero con cualquier trozo de papel que encontrábamos, papel de cuaderno o servilletas del bar, recortados en cuadrados para que sirvieran; los años siguientes, cuando volvía al curso de San Floriano, me traía papel de origami de regalo (junto con muchas otras tonterías japonesas que me volvían loca) y yo practicaba. Antes de conocer Takeshi, Toyohiko, Aiko y Yoshiko, había leído ya algo de Tanizaki y Kawabata; a los 12 años no apreciaba Siddharta, pero me encantaba El amor de un loco. El origami juntaba dos cosas que me gustaban (más otra que no sabía que me gustara): el papel, y centrarme en algo en solitario. La tercera? Sorprender a los demás (fase complementaria a la soledad). Las siete palabras que sé de japonés las aprendí ahí; aún tengo que guardar en algún lugar un mini diccionario japonés-inglés que me regalaron. Japón se había convertido en un mito, para mi, poco a poco iba descubriendo la existencia de la ceremnia del té, los kimonos, la caligrafía. No había llegado el boom de los manga y los anime, no era esa clase de pasión. Esa precisión y atención para el detalle hacía mella en mi necesidad de control, ese ligero trastorno obsesivo compulsivo con el que felizmente convivo desde pequeña.
Luego llegaron Tetsuo, Akira, Gotaman (la chica en perizoma), y de pronto una manía para Japón que me ha quitado las ganas. No sé nada, aunque lo bastante como para darme cuenta de cuanto sea lejana esa sociedad de mi forma de ser; porque yo conozco las cosas por full immersion, tengo que meterme en ellas, dejar que crezcan las agallas, respirarlas, para luego quizás salir y sacudírmelas, quedándome con las gotitas que se han quedado en el pelo. Y en este caso no sería capaz de hacerlo.



