Archivo de la categoría: la vida culinaria (noticias y desvaríos)

La Azotea

Mariscos y vinos @ la Azotea

En todas las esquinas están abriendo gastrobares, y entre nosotros ya utilizamos la palabra casi con derisión: ayer vi uno con pantalla gigante y fútbol! Si con la quinta gama todos pueden ser cocineros, el gastrobar se está volviendo igual de omnipresente y homogéneo – en platos (mediocres) y precios (altos).

Antes de que llegara esta ola de nuevos locales a Sevilla, La Azotea ya estaba ahí. El nombre pasaba de boca en boca porque tenía algo de milagroso: un lugar bonito, donde te acogen con una sonrisa, con buenos vinos por copas a precios honestos, tapas novedosas con buen producto y bien ejecutadas. Y el precio nunca falla.

Las tapas de la semana @ la Azotea

Nunca he conseguido comer sentada en mesa, porque está siempre tan lleno que es una suerte encontrar sitio en la barra. Aún así voy contenta y salgo siempre satisfecha, con la sensación de haber gastado bien mi dinero.

Coquinas con mini alcachofas @ La Azotea

La última vez, con Akari, probamos unas coquinas con mini alcachofas fritas. La media ración era muy abundante, y a 8€ una opción más que interesante.

Potaje de garbanzos con atún @ la Azotea

El guiso de Garbanzos con níscalos y atún, sencillo y honesto, a 4€ sigue estando en un precio muy razonable.

Dos tapas y una copa de vino por persona, y sales comido (lo he dicho, las porciones son abundantes) y feliz por no más de 12€.

La Azotea
Jesús del Gran Poder, 31
[y también, desde hace pocos meses, en calle Zaragoza, 5] 
Sevilla

cierra domingo y lunes

El nuevo Simun, vintage

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Parece que todo está casi listo, a través del cristal he visto paredes pintadas de blanco, mesas y sillas, y sobre todo mucho espacio.
A la espera de que Pablo nos diga algo, pronto Simun (Vintage) llegará al centro de Sevilla.

Receta en el blog de Panepanna, y aparición estelar

Aquí ya no suelo publicar recetas, pero de vez en cuando hay en Panepanna. Aquí va mi versión de los garbanzos con espinacas sevillanos.

Esta tarde a las 5 estaré en Gente de Tarde, en Giralda Tv, canal local de Sevilla. Sé sólo que somos tres bloggers (yo, uno de moda y uno de cultura), lo demás lo descubriremos juntos. La televisión tiene emisión internet en giralda tv – se aceptan comentarios, risas y sugerencias.

Si es domingo, hay callos

Hoy estoy camino de Sevilla, en mi doble cita mensual con la Vía de la Plata, probablemente sumida en la niebla hasta Béjar.

Ayer, tomamos el vermú en O Padriño, en Bastavales. Y como era domingo, la tapa era de callos con garbanzos.

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Esto de las tapas gratis, aquí en la zona de Santiago, es algo que sigue sorprendiéndome – y según el sitio y la tapa, encantándome.

Y a veces, al rato te ponen una segunda tapa. Ayer, fue de mejillones.

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Desayuno en PaCatar

Hay pocas cosas que me gusten más que los desayunos en Andalucía. Las tostadas de pan de verdad, con algo salado – aceite, jamón, manteca colorá, zurrapa, carne mechada…
Una pena que el café a menudo falle – os imagináis un buen café con leche como el de Galicia junto con una entera de jamón ibérico?

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A una tostada con algo dulce tampoco le digo que no. En PaCatar (local de tapas y vinos con el que colabora Gastrópodos) ponen, si la pides, mantequilla de cabra. Una locura de sabor.

(Esta mantequilla iban a traerla, al principio, de las Azores, o así nos había contado Pepón. Esta sin embargo creo que es de Covap. Ojalá la comercializaran en tiendas!)

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Pequeño detalle de las mesas en PaCatar: debajo llevan espuma aislante para reducir el ruído. La cuestión de la contaminación acústica a menudo se descuida en la hostelería, primando el diseño sobre el confort global de los clientes. Enhorabuena a  los responsables del proyecto por cuidar este detalle!

Felices Reyes!

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En Negreira no pides un roscón pequeño o grande: pides uno de 4, 6, 9 o 12 huevos.

historia + diseño + gusto = tortas de aceite

andalucismos

En febrero colgaba esta foto de mi último intento de decoración en el piso nuevo. Aficionada a las tortas de aceite, había visto que todas tenían el mismo tipo de envoltorio, un papel parafinado con un logo sencillo y viejorro en azul. (Ahora, diciembre 2011, tengo 5 cuadros en total, y otros 3 o 4 papelillos que esperan a que suba a Ikea a por más marcos). Quien venía a casa siempre acababa fijándose en esos cuadros, y la pregunta era siempre la misma: ¿Por qué?

Ahora, a parte que preguntar a un coleccionista por qué hace lo que hace no lleva a ningún lado – la única respuesta posible es “Porque sí” o, mejor, “¿Por qué no?” – una razón realmente la hay. Más allá de la estética, y más allá del gusto, o más bien aúnando estas dos cosas, las tortas de aceite para mi son Sevilla. Pero no la Sevilla de los tablaos flamencos, de la sangría, o de la Semana Santa y la Feria, o la de la Alameda, o la de los bares de tapas. Son la Sevilla cotidiana, en la que no reparas, pero que cuando te alejas la echas de menos.

Pero ese papel blanco con letras azules también me provocaba curiosidad. ¿De dónde venía ese estilo? ¿Empezó uno y los otros siguieron? ¿Por qué azul? En eso estaba, cuando me escribieron en Flickr desde Inés Rosales. Les había encantado la idea, y querían agradecérmelo enviándome algo, pero yo tenía algo mejor en mente: ir a visitarlos e intentar descubrir la historia de ese papel.

Polvorón corazón

Polvorones de canela sin grasas animales: ¿habéis notado los corazones?

Este viernes por fin hemos podido visitar a la fábrica – de la visita hablará más Jorge en su blog. Sólo puedo decir que ahora, cada vez que doy un mordisco a una torta de aceite, pienso en una de esas 16 señoras que producen todas las tortas de aceite Inés Rosales que circulan por el mundo (y no son pocas).

Yo me pasé la visita preguntando a todo quisquis – ¿Quién empezó a envasar las tortas de esa manera? Inés Rosales es la primera productora de tortas de aceite, pero hay otros – Porres, Gaviño, Upita… – que venden tortas de aceite con un parafinado muy parecido. Lo primero que conseguí averiguar es que efectivamente fue Inés Rosales la primera que comercializó la tortas de aceite, que hasta entonces eran sencillamente una receta de la zona del Aljarafe. Detrás de ella fueron los demás – en la fábrica nos lo repetían como si fuera un problema, mientras que ahí yo lo que veo es claramente un éxito: son tan buenos en todo lo que hacen que la competencia los imita en todo lo que puede.

Establecer esto era importante: si sé quien hizo ese tipo de parafinado primero, puedo centrarme en descubrir por qué ellos lo hicieron de aquella manera. El uso del papel parafinado en sí no tiene misterio: en 1910 (y hasta hace no mucho) los alimentos, vendidos a granel, se envolvían en este papel encerado para que no traspasara la grasa. Muchos otros fabricantes han dejado el parafinado en favor de tarrinas, latas y otros plásticos, mientras que las tortas de aceite se han mantenido como antaño, aunque el papel haya ido afinándose.

Parafinado pre1944

Parafinado de Inés Rosales ca. 1944

Muy bien, pero ¿y el azul? ¿Era la única tinta disponible? ¿La más barata? ¿Fue casualidad? ¿Estaré preguntando tonterías? Ya veía que me iba yo de la fábrica sin respuesta a mis dudas existenciales, cuando llegó Juan Moreno, el dueño actual de Inés Rosales. Un beso en la frente, debería haberle dado, en vez de estrecharle la mano. Porque cuando le volví a repetir, incansable, la pregunta – total, ya soy la loca de los parafinados, una más una menos… – me lo contó. Es una historia sencilla, y como todas las historias sencillas, perfecta.

Castilleja de la Cuesta se divide entre rojos y azules. Los rojos son los de la plaza de Santiago (que lleva una cruz roja en el pecho), mientras que los azules son de la calle Real. Inés Rosales (calle Real, 102), era de los azules. Así de sencillo.

Pan negro

Pan (@ La Mojigata)

Negro, así es como veo cuando, al pagar la cuenta, veo que me han cargado el pan. O el servicio, que es lo mismo. Sabemos muy bien que son cargos adicionales que nada tienen que ver con el coste efectivo del pan o del servicio, sino que sirven para poder cobrar más sin subir los precios en la carta.

Hay dos problemas fundamentales con esto.

Primero, que me cobres algo sin avisarme. Son cargos que no suelen estar indicados en la carta (lo cual es, creo, ilegal) y que sobre todo en el caso del pan me parecen un enorme engaño: si me traes algo a la mesa sin que lo haya pedido, entiendo que es un homenaje de la casa. Si luego me lo cobras, me has engañado. Y esto sin entrar en la calidad de esa cestita de picos y panes resecos.

Segundo, e igual de importante, es cutre. Es cutre en un bar de tapas, donde tomando una cerveza y una tapa te gastas quizás 4€ y encima te cobran desde 0,60€ hasta 1,20€ por el pan (más del 25% de la cuenta total!). Es cutre en un restaurante donde tomas por ejemplo un menú degustación de 100€ o más pero aparte te cobran servicio de pan a 4 o 5 euros.
Caso real reciente: gastrobar en una ciudad castellana, 3 tapas y una cerveza cada uno (6 tapas y 2 bebidas), total 32,60€, de los cuales 5€ (¡CINCO!) de servicio de pan. Eso sí, tres panes distintos, aceite de oliva virgen extra de calidad… pero ¿no estábamos tapeando?

A veces, en mis días más activistas, he rechazado la cesta del pan negándome luego a pagarlo. Ahora, no tengo ganas. No voy a comer a un sitio para estar alerta sobre si me cobran de más o no; voy para disfrutar, y si me molestan me limito a tomar nota, decirlo por ahí y, si la cosa es seria, no volver.

Cuando voy a un sitio nuevo siempre tomo nota de si cobran o no el pan. Con Shawn hemos hablado largo y tendido sobre esto, y quizás algún día lleguemos a recopilar esa lista negra de los locales que cobran pan o servicio.
Edit: Aquí está el post de Shawn acerca de esto – Bread dough.

Feliz de escuchar más horror stories de la geografía ibérica :-)

Nace la Gazzetta Gastronomica

Estoy feliz y orgullosa de participar en el nuevo proyecto de Stefano Bonilli, la Gazzetta Gastronomica. Mis primeras contribuciones están dedicadas a Abastos 2.0 y al plato español por excelencia, la tortilla de patatas. Pero hay muchos, muchísimos post más por leer, y ¡seguramente mejores que los míos!

Por ahora es en italiano y próximamente en inglés. Espero que os guste!

Cocinando (y comiendo) italiano en la casa del Noroeste

Cuando subo a la casa del noroeste tengo que replantearme mi cocina. Acostumbrada ya a encontrar muchas cosas en Madrid y en Sevilla, en Bertamiráns aún conseguía aguantar con lo que ofrecía Mercadona, pero ahora que nos hemos ido casi al campo, estoy en la realidad semi-rural. Y así, lo que antes era la cena socorrida para hacer en 15 minutos cuando no quería romperme la cabeza – una carbonara, o una pasta mantequilla y parmigiano – ahora es plato a preparar con tiempo, para conseguir los ingredientes.

En el Gadis debajo de casa encuentro, eso sí, pasta Garofalo. ¡Bien! Pero no hay parmigiano. O mejor, hay esto

Pamellano, Pamesello, Parmigiano Reggiano. El nombre sí importa.

De los tres, sólo el de en medio es parmigiano (o lo que queda de él después de haber sido rallado y abandonado en un pobre sobre de plástico). Los demás utilizan nombres que aluden al queso italiano – Pamellano, Pamesello – pero de parmigiano ni una nanopartícula.

El Pamellano tiene estos ingredientes:

Ingredientes de Pamellano

mientras que el Pamesello se queda aún menos específico:

Ingredientes de Pamesello

Lo mejor está por venir! Hochland produce un queso rallado, sin ninguna referencia al parmigiano, pero con un genial subtítulo: “Estilo italiano en polvo”.

Estilo italiano en polvo. WTF

¿Se referirá al nivel de la situación italiana, o a la fama que tienen los italianos en ciertos asuntos?