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Mejillones mon amour (Sopa de mejillones)

Hay que tener agallas, y estómago, para hablar de mejillones después del maratón bivalvo que nos hemos pegado la semana pasada.

Desde los días del viaje de prensa – rebautizado rápidamente por Andoni #boirotrip (si es que ya cualquier cosa necesita su hashtag) – hasta el concurso de tapas con mejillón este pasado fin de semana, he comido más mejillones que en toda mi vida. Qué digo: he comido el triple. Tigre, con bechamel, en croqueta, al vapor, encebollados, en brocheta, con salsa picante, en escabeche, con pan, con manzana, con pimiento. Y en empanada. Oh, esa empanada.

Foto mía o de Jorge Guitián (demasiados ocupados en comer para acordarnos)

La empanada de María Jesús la tengo aún en la memoria. Volvería a alojarme en su casa rural – Casa do Prado, en Abanqueiro – sólo por el placer de poderla comer otra vez. Una masa ni fina ni gruesa, con aceite pero no aceitosa, con muchos mejillones y hechos en su punto. La mejor empanada, de las 3-4 que he comidos estos días, sin duda.

Pero ahora no quiero hablar del viaje, del cual ya han hablado muy bien Jose de Comer e falar, Montse de Guía Repsol y Jorge del Diario del Gourmet de Provincias (que además es el responsable de esta hecatombe de moluscos). Quiero compartir una de las recetas que trabajé en el taller que di la tarde del lunes 25. Un taller de mejillones, claro.

Zuppa di cozze

ZUPPA DI COZZE ALLA TARANTINA (Sopa de mejillones al estilo de Taranto)

Para 4-6 personas:

2 kg de mejillones
400 g de tomates (frescos o pelados)
2 dientes de ajo
Perejil
Aceite de oliva
Vino blanco
Sal, pimienta
Pan

En una olla calentar el aceite con el ajo ligeramente aplastado. Añadir los mejillones. Añadir un vaso de vino. Añadir los tomates picados. Salpimentar. Cubrir y dejar cocer 7 minutos a fuego fuerte hasta que se hayan abierto los mejillones.
Tostar el pan. Servir en cuencos con una loncha de pan tostado, los mejillones, el caldo y abundante perejil picado.

Aprovecho para agradecer y saludar a todos los que participaron en el taller: Pepe Ferrer, que presentó la cata de vinos italianos de forma superba; Jorge Guitián, que limpió kilos y kilos de mejillones, además de organizarlo todo tan bien; Amalia López que se preocupó del listado de asistentes; Arturo Fajardo “Chicolino” que dejó que tomara prestado todo lo que necesitaba de sus instalaciones (nota bien: el horno NO era suyo); Jose Manuel García que hizo… de todo, ¡la verdad!; Xosé Deira, alcalde de Boiro, que además de no soltar ningún discurso oficial a lo largo de esos días, se ofreció de pinche en el taller (el año que viene le ponen delantal personalizado seguro); Berta Castro (El sabor de lo dulce), Mercedes Blanco (La Aprendiz de Chef), Carmen Albo (Guisándome la vida) y Lili Fabeiro (Cocina de color lila), gallegas y gastroblogueras a las que por fin pude poner cara y que viajaron hasta ahí sólo para eso – no sabéis lo que significó para mi; Sonia Lebedynski, que se presentó con un “te sigo en facebook” y que después descubrí que tiene una voz estupenda; y todos los demás cuyos nombres no sé que participaron activamente preguntando, picando, preparando los platos.

Del apio – ensalada de apio, champiñones y parmigiano

Me encanta el apio. La verdulera de mi mercado ya se ha acostumbrado, pero al principio le costaba entenderme.

“Un apio ¿entero?”

El apio está a la base del soffritto italiano (cebolla, apio y zanahoria), y crudo queda bien en cualquier ensalada, aunque sea un simple mix de lechuga, añadiendo una textura crujiente agradable y un toque a hierba/clorofila que me gusta mucho. En Italia se suele comprar entero, ya que se le suele dar bastante salida.

Ensalada de apio y champiñones

Juan siempre recuerda que fue conmigo con quien comió apio crudo por primera vez – y desde entonces lo he preparado para muchas personas más, encantada de la reacción de sorpresa y de placer que provoca. Esta ensalada en particular es óptima en relación expectativas (bajas) y apreciación (alta), aunque yo ya haya aprendido a no dar demasiados detalles sobre los ingredientes. Entre el apio, que es bastante desconocido, y los champiñones, crudos, suele despertar mucha perplejidad. Sin embargo, las exclamaciones después del primer bocado y los recuerdos vívidos que siguen teniendo a meses de distancia, me confirman que ésta es una ensalada que siempre funciona.

Es uno de esos platos – como el Pollo leche y parmigiano – que no sé de dónde me viene. No es receta tradicional en mi familia, y es posible que en mi breve etapa ecológica universitaria la haya leído en alguna revista.

ENSALADA DE APIO, CHAMPIÑONES Y PARMIGIANO

  • apio verde, lavado y con los extremos cortados
  • champiñones enteros, lavados y sin pie
  • Parmigiano Reggiano o Grana Padano (en un trozo, sí o sí)
  • aceite de oliva virgen extra
  • zumo de limón
  • sal

Cortar el apio en rodajas no demasiado finas y en ángulo de 60º (a la oriental, si es que quiere decir algo y lo entendéis). No es necesario quitarle las hebras, ya que al cortarlo bastante fino desaparecen (por así decir). Cortar los champiñones en láminas finas. Rallar el Parmigiano por el lado grueso del rallador (como en virutas gordas), aliñar con zumo de limón, aceite de oliva y sal. Ir arreglando el aliño sobre la marcha – hay que poner bastante Parmigiano, y los champiñones irán chupando bastante aceite.

Dejar reposar unos 15-20 minutos antes de servir: los champiñones se pondrán un poco blandos, el apio se quedará crujiente, haciendo un contraste muy agradable.

Pollo leche y parmigiano – ¡una receta por fin!

Saco otra vez la maleta, voy un par de días al fresco de Galicia. Hay un aire a fin de curso en el aire, será que he parado la programación didáctica de Panepanna para el verano (¡volvemos en septiembre!), o que León y Linus dentro de nada estarán todas las mañanas en casa. Será que voy atando cabos, y las dudas generan certezas. Será que empiezo a ver que he hecho los deberes, y se notan los resultados.

Me he tomado tres días de vacaciones. Leo un poco más, distraigo a los que siguen trabajando, como un poco más las barrigas de L&L.

Esta semana, por distintas razones, se ha hablado de cocina tradicional. Yo en el Glutton Club, lanzando unas preguntas que han tenido muchas respuestas. Jorge en su blog ha abandonado por un día los artículos de ensayo para publicar una receta de su abuela. Y este post del Pollo leche y parmigiano estaba ya pensado para estas fechas, una coincidencia más.

Tiene que ser una de esas recetas que se van apañando en casa, sin codificar. Una receta no receta, que no está en mi FileMaker porque es de las que hago sin pensar – así que ésta es una primicia mundial. Seguro que mi madre o mi padre tendrán algo que apuntar, pero así es cómo la llevo haciendo yo desde hace casi 20 años.

A los que desdeñan la pechuga de pollo, les digo: probádla.

Pollo leche y parmigiano
POLLO LECHE Y PARMIGIANO

Sin que sirva de precedente, no tengo cantidades exactas para esta receta. Depende.

  • Pechuga de pollo (de corral, si puede ser), fileteada
  • harina
  • mantequilla y aceite de oliva v.e.
  • leche entera (pasteurizada no UHT, si puede ser)
  • Parmigiano Reggiano o Grana Padano (en un trozo, sí o sí), rallado
  • sal

Enharinar los filetes de pechuga de pollo, y ponerlos a dorar en la mantequilla derretida con un poco de aceite. Si no caben todos los trozos de pollo, se pueden ir dorando por tandas.

Cuando todos los filetes estén dorados, juntarlos en la sartén y cubrir casi totalmente de leche. Añadir mucho parmesano rallado. Poner a fuego medio-bajo y dejar burbujear.

Se formará una salsa espesa. A veces se separa un poco – aún no he entendido si es por la calidad del pollo, que suelta agua, o el calor, demasiado fuerte. Da igual, está rico de todas maneras. Corregir de sal al final – a menudo, entre la leche y el parmigiano no es necesario.

Servir, asegurándose de que haya abundante pan en la mesa con el que limpiar el plato y la sartén.

Sopa de verduras con alcachofas – y así despido Tudela

Alcachofas listas para ser cortadas

No he hablado nunca de Marta (Reyno Gourmet) en mis tudelannadas – encontrar una forma original de decir “¡excelente!” es difícil.

Quien nunca ha organizado un evento quizás no se de cuenta de cómo es complicado hacer que los tiempos encajen y que todo vaya sobre ruedas. Estoy segura de que Marta y sus compañeros estaban bajo mucha presión para que todo saliera bien, y sin embargo yo he visto sólo sonrisas y facilidades.

¡Gracias!

Y ya que estoy con Tudela, y las verduras, y todo eso… Ésta es una sopa de verduras con alcachofas genéricamente italiana (acompañada con pasta).

Sopa, potaje – nunca me aclaro cómo se llaman en español los platos que se toman con cuchara. En italiano también hay minestra y zuppa – donde la primera sería más bien con caldo clarito y la segunda con más contundencia.

Zuppa, suppe, soupe, soup.

Sopa.

Sopa de alcachofas

SOPA DE VERDURAS CON ALCACHOFAS

  • 2 chalotas (o cebollas, no pasa nada), cortadas en láminas
  • 40 ml de aceite de oliva
  • 300 g de patatas, peladas, cortadas en daditos
  • 150 g de zanahorias, limpias, cortadas en redondeles
  • 2 alcachofas, limpias, cortadas en gajitos (los tallos en redondeles)
  • el zumo de medio limón
  • tomillo fresco
  • 1,5 lt de caldo (vegetal, de pollo… bueno) caliente
  • 180 g de pasta al huevo corta (pueden ser también tagliatelle rotas en trozos)
  • 30 g de mantequilla
  • perejil, sal, pimienta

Dejar marchitar las chalotas en el aceite. Añadir las patatas, las alcachofas, el tomillo y las zanahorias.

Dejar sofreír un poco y añadir el caldo caliente. Tapar la olla y dejar cocer, a fuego medio-bajo, unos 30 minutos desde que rompe a hervir.

Añadir la pasta, regular de sal y pimienta, y dejar cocer 5 minutos más. Mantecar la sopa con la mantequilla y el perejil picado.

Adaptado de La cucina Italiana, marzo 1991

Lo que se tira

Crema de zanahoria – preparando el Conejo Pascual

El sábado antes de Pasqua (en Italia Pasqua es sólo y únicamente el domingo de Resurrección) en esta familia tenemos mucho trabajo. Primero, hay que ir a “hacer hierba”, o sea cortar un poco de hierba fresca y, a ser posible, flores de campo. Con éstos adornaremos unas cestas para el Conejo Pascual.

Preparing the basket

Como es sabido por todos, el Conejo Pascual (que yo me imagino grandísimo) va saltando de casa en casa, llevando a los niños que crean en él huevos de chocolate y un regalito. Descansará un poco en la cesta, se comerá el trozo de zanahoria que le hayamos dejado, y al irse dejará las sorpresas. Pero de esto os contaré mañana.

Dyed eggs

Lo otro que nos tiene ocupados hoy son los huevos de colores. En mi familia (que es de origen alemana, por esto tenemos esta tradición) los huevos pintados los solía traer el mismo Conejo Pascual: el sábado todos los niños desaparecían de la casa, y algunos adultos se quedaban en casa a cocer y pintar varias docenas de huevos. Desde que tengo mi familia en Sevilla, hemos cambiado la tradición para adaptarla, así que el sábado por la tarde coloreamos los huevos todos juntos, sin que sea labor del Conejo.

Crema de zanahoria

Ya que estamos en temas primaverales, ésta es la crema que he preparado hoy para comer:

CREMA DE ZANAHORIAS

Para 4-6 personas según el hambre

  • 30 g de mantequilla
  • 500 g de zanahorias (unas 6-8 medianas), cortadas en rodajas
  • 150 g de cebolla (1 mediana), picada
  • 600 g de caldo
  • 300 g de leche + 50 g
  • 25 g de harina de arroz*
  • 100 ml de nata
  • sal, pimienta

*Harina, no sémola (la sémola es más gruesa). Se suele encontrar en la sección de dietética y herboristería de los supermercados.

En una olla o cacerola mediana, dejar derretir la mantequilla. Añadir la zanahoria y la cebolla y dejar pochar a fuego suave unos 5 minutos. Añadir el caldo y los 300 g de leche, cubrir con la tapa la cacerola y dejar cocer a fuego medio-bajo media hora. Pasar al pasapurés o triturar en la minipimer o robot de cocina al gusto, y devolver a la cacerola. Mantenerla a fuego medio-bajo.

En un bol pequeño echar la harina de arroz y añadirle poco a poco los 50 g de leche fría hasta obtener una masilla. Añadir delicadamente a la crema de zanahoria, mezclando con una varilla (o un tenedor) para evitar que se formen grumos. Dejar burbujear un par de minutos, y quitar del fuego.

En otro bol pequeño batir el huevo con la nata. Añadir a la crema, mezclar otra vez con la varilla/tenedor. Arreglar de sal y pimienta al gusto.

Es ligera de sabor pero consistente al llevar huevo y nata. Queda muy bien acompañada de picatostes.

Crema de zanahoria

Pollo pochado con anís estrellado

Pollo pochado al anís estrellado

¿Os he dicho alguna ve que amo a Hugh Fearnley-Whittingstall? Sí, tiene un nombre horrendo, pero algún defecto tendrá que tenerlo.

Me gusta mucho su forma de comunicar la comida, sea en sus programas televisivos del River Cottage, sea en sus libros, sea en su columna semanal en el Guardian. Logra ser al mismo tiempo exacto, ligero, informativo y apasionado, con un lenguaje muy natural – todas cualidades que valoro muchísimo en un food writer.

Sus recetas funcionan muy bien, y abarcan todo tipo de preparaciones y cocinas (otro punto a su favor. El definitivo: es pelirrojo y gafudo, con una pinta un poco nerd, que me encanta). Anoche he cocinado este pollo de clara inspiración china (o asiática para estar segura de no equivocarme), a mitad entre plato y sopa. Es muy sencillo de hacer, y los ingredientes exóticos deberían encontrarse en cualquier ciudad mediana donde haya una comunidad china, o un supermercado con una sección oriental bien surtida.

De este pollo sale una gran cantidad de caldo de sabor delicado y exótico, mucho del cual no se utiliza en la receta y se puede guardar en el congelador para hacer unos noodles en otro momento.

Ingredientes para el pollo asiático pochado

POLLO POCHADO CON ANÍS ESTRELLADO

Para 4-6 personas (según el hambre)

  • 1 ramillete de cilantro, hojas y ramas separadas
  • 5 anís estrellados
  • 1 trozo de jengibre fresco grande como una nuez, pelado y cortado en lonchas finas
  • 1 rama de canela
  • 8 cebolletas (4 limpiadas y cortadas en diagonal en trozos de 3 cm, las otras así como están)
  • 50 ml de salsa de soja (clara, o japonesa)
  • 1 cucharadita de sal gorda
  • 1 pollo entero, limpio
  • 70 ml de vino de arroz chino

Para la salsa:

  • 3 cucharadas de salsa de soja (clara, o japonesa)
  • 1 cucharada de azúcar moreno
  • 1 cebolleta, picada fina
  • 1 diente de ajo, picado fino
  • 1 chile rojo pequeño, o una cucharada de sriracha (o alguna otra salsa picante tipo Tabasco en caso extremo)
  • 1 cucharada de aceite de sésamo
  • 300 g de arroz basmati

Pollo pochándose

  1. En una olla bastante grande, poner en el fondo  las ramitas de cilantro (si se hace un atadillo con ellas mejor), el anís estrellado, el jengibre, la canela, las cebolletas enteras, la salsa de soja y la sal. Poner encima el pollo, luego añadir el vino de arroz y bastante agua para cubrir todo. Llevar a ligerísimo hervor, quitar la suciedad que aflore, y pochar, con la tapadera puesta, una hora y 15 minutos hasta que el pollo esté hecho.
  2. Sacar el pollo y dejarlo enfriar un poco en un plato.
  3. Hervir el arroz basmati en agua con poco sal.
  4. Pasar el caldo por un colador. Poner 1 litro del caldo (el resto guardarlo en el congelador o en la nevera) en una olla limpia a reducir a fuego lento, luego añadir las hojas de cilantro y la cebolleta en trozos y apagar el fuego.
  5. Preparar la salsa (juntar todos los ingredientes en un bol).
  6. Limpiar el pollo: quitar la piel, los huesos y los trozos duros o gelatinosos. Deshilachar la carne y dejarla preparada en un plato o bol.
  7. Llevar a la mesa los cuatro ingredientes por separado: el arroz, el pollo, el caldo y la salsa. Servir en boles medianos: en cada uno poner unas buenas cucharadas de arroz, bastante pollo encima, y rociar con el caldo. Condimentar con la salsa.

Al servirse por separado la salsa, que es picante, es un plato perfecto también para los niños. Otra posibilidad es no poner el picante en la salsa (si se tiene sriracha u otra salsa picante, se puede echar cada uno por separado).

Adaptado de una receta de Hugh Fearnñey-Whittingstall

Pollo pochado al anís estrellado

Trofie al pesto

Uno de los platos que realizamos en el taller de Pasta 101, y el que gustó más por distintas razones, ha sido el pesto.

Primero, la salsa era menos conocida que la carbonara.

Segundo, la realizamos de una forma más original. Unos hicieron el pesto (“majado”) en el mortero, como se supone que hay que hacerlo. Otros utilizaron la minipimer, versión moderna, más rápida y sencilla. Las dos salsas salieron guapas, la de mortero con algo más de tropezones (como tiene que ser: de hecho con la minipimer se tiene cuidado de no triturar demasiado para que queden trocitos irregulares).

Ingredientes para el pesto

Y, por último, el formato de pasta era inédito incluso para mi. Se suele proponer el pesto con trenette (pasta larga parecida a spaghetti pero planos, en Sevilla se encuentran las bavette de Barilla), aunque el formato probablemente más correcto sea el de las trofie. Encontré las de Barilla (los lígures y demás italianos, por favor, tened piedad de mi), y fueron todo un descubrimiento.

Una de las imágenes más bonitas que guardo (en mi memoria, que fotos hay pocas) es la cara de los que probaron las trofie mientras aún estaban cociéndose, sin salsa ni nada, los ojos como platos: “¡Qué ricas!”.

Una gran advertencia: ésta es una de esas recetas que se basan en 4 ingredientes básicos, difíciles de sustituir – albahaca fresca, queso rallado (Parmigiano Reggiano o Grana Padano, y Pecorino), piñones (y nueces), aceite de oliva virgen extra (preferiblemente de sabor suave).
Trofie y linguine/bavette

Todos estos ingredientes se encuentran en Sevilla (e imagino que en muchas otras ciudades españolas: ¿dónde en la tuya?) aunque hay que ir a buscarlos.

La albahaca fresca, aunque casi siempre de hojas demasiado grandes y de sabor demasiado fuerte, se encuentra bien en el reparto frigorífico de muchos supermercados, bien en macetas. Si la encuentras de hojas pequeñas, mejor: en mi experiencia tiene un sabor más delicado. La albahaca seca no vale – mejor hacer otra cosa u otro tipo de pesto.

Las trofie, que volveré a comprar sin ninguna duda, las he encontrado sólo en el Mercatino Italiano (ellos dicen que no tengo porqué citarlos – yo creo que si hay un comercio que hace las cosas bien ¡sí hay que hablar de ellos!). A falta de ellas, en muchos supermercados se encuentran bavette o linguine, y a la última valen incluso los spaghetti. Eso sí, debería ser una pasta larga (así que nada de penne, fusilli o macarrones).

El pecorino romano hasta el momento lo he encontrado sólo en Alcampo y en el Mercatino Italiano. En El Corte Inglés lo tienen a veces por las jornadas europeas pero mejor no contar con ello. ¿Algún cliente de Carrefour que mire si ahí lo tienen?

El Parmigiano Reggiano, o Grana Padano, debería ser entero, no rallado. Si pensáis que se os va a echar a perder, se puede cortar en trozos más pequeños y congelar – aguanta bastante bien.

TROFIE AL PESTO

Para 6 personas

  • 40 g de piñones
  • 10 g de nueces
  • 3 dientes de ajo, pelados
  • 250 ml de aceite de oliva virgen extra
  • Un manojo de albahaca (40 g, ¡mucha!)
  • 60 g de parmigiano rallado (o, si se tiene, 30 g de parmigiano y 30 g de pecorino)
  • 1 patata, pelada, partida por la mitad a lo largo y cortada en trozos de 3 mm de espesor
  • 500 g de trofie (o linguine, o bavette, o spaghetti)

Tostar los piñones y las nueces en una sartén a fuego bajo (o en el horno).

En el vaso de la minipimer, poner el ajo, poco aceite, algunas hojas de albahaca y algunas nueces. Triturar. Añadir el resto de la albahaca y nueces y acabar de triturar. No tiene que quedar del todo homogéneo, está bien si se quedan algunos tropezones. (Si se hace en el mortero, seguir este mismo orden).

Poner esta pasta en un bol, añadir el parmigiano, un poco de sal y un poco de pimienta negra. Añadir poco a poco el aceite de oliva, mezclando con un tenedor para incorporarlo.

Cocer la pasta, junto con la patata, al dente (recordad: agua hirviendo, 8-10 g de sal gorda por cada litro de agua, no añadir aceite, mezclar de vez en cuando la pasta para que no se pegue). Un minuto o así antes de escurrirla guardar una tacita del líquido de cocción – es buena norma acostumbrarse a hacerlo siempre, nunca se sabe si puede servirnos para ‘arreglar’ la salsa. Escurrir, pasar rápidamente al bol de servicio y añadir encima el pesto.

Tom Yam Kum – sopa tailandesa agria y picante

Soy una cocinera poco social. No me gusta que me ayuden cuando estoy en acción, ni que me vayan preguntando cosas: estoy cocinando. Agradezco que haya alguien más en la cocina para darme conversación y tenerme compañía con una copa de vino. Yo y Juan hemos aprendido muy pronto en nuestra relación que no podemos estar a la vez en la cocina (por eso cuando os invitamos a cenar la comida suele ser preparada por el uno o el otro).

Hasta el jueves pasado. Iba a preparar este Tom Yam Kum, y León me rogó – juntando las manos y mirándome con ojos de cervatillo – “Per favore, per favore, per favore, déjame ayudarte a cocinar!”.

Corazón con doble vuelta en el pecho.

Le he puesto su delantal, y acercado el taburete para alcanzar la encimera. Él ha leído la receta, y ha esperado con paciencia que sacara lo necesario – báscula, cuchillos, cucharas medidoras. Le he visto tan atento y dispuesto que he decidido ir a por todas: le he dado un cuchillo.

Le he explicado que hay que apoyar bien lo que vamos a cortar; que hay que tener cuidado con los dedos; que hay que apoyar la punta del cuchillo e ir haciendo movimientos de tijera. Vale, esto último igual podría haberlo guardado para la clase avanzada. Le he pasado los champiñones, y los ha cortado en cuartos. Todos. Él sólo. Ha troceado los champiñones para nuestra cena.

Le he seguido dando instrucciones, y ha hecho prácticamente todo: ha medido el caldo en la olla. Ha encendido el fuego (tenemos inducción). Medido la pasta de tom yam kum. La cuchara de salsa de pescado (yo vertía y él medía). Añadido a la olla las hojas de keffir y el lemongrass picado (eso lo he picado yo, ya que requería más fuerza). Y. Lo mejor.

Ha pelado las gambas.

Despacio, cada gamba suya yo pelaba cinco. Con cara de asco y repelús – la agüilla de la cabeza, las patas, no le gustaba nada. Le he dicho que me estaba ayudando mucho, ha mirado el puñado de gambas que quedaban para pelar, ha levantado las cejas y ha suspirado: “Vale”.

Iba a hablar de la cocina tailandesa, de como la hemos descubierto, de sus sabores únicos. Pero este post va todo para León, que se ha ganado él solito el título de sous-chef en mi cocina.

Esta sopa es picante. Muy picante. Boca-anestetizada-picante. Si no estás seguro de tu nivel de resistencia al picante, empieza con medio chile, siempre puedes añadir luego.

TOM YAM KUM – SOPA TAILANDESA AGRIA Y PICANTE

Receta adaptada de Nigella Lawson, “Nigella Bites”

  • 1,5 lt de caldo de pollo
  • 1 cucharada llena de pasta Tom Yam Kum*
  • 4 hojas de lima kaffir*
  • 1 rama de lemongrass, cortada en trozos gruesos*
  • el zumo de 1 lima
  • 4 cucharadas de salsa de pescado*
  • 3 chiles rojos tailandeses*, finamente picados
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 150 g de champiñones, cortados en cuartos
  • 500 g de gambas o langostinos, crudos y pelados (pueden ser congelados: descongelar antes de utilizarlos)
  • cilantro fresco picado

*estos ingredientes se encuentran en los supermercados chinos-asiáticos. En Sevilla los encuentro sin problemas en el Hiperoriente, las hojas de lima keffir y el lemongrass están congelados.

En una olla poner a calentar el caldo.

Añadir la pasta de Tom Yam Kum, las hojas de lima keffir, el lemongrass, el zumo de lima, la salsa de pescado, los chiles y el azúcar.

Llevar a ebullición, añadir los champiñones, bajar el fuego y dejar cocer un par de minutos.

Añadir las gambas y cocer otros 2-3 minutos, o hasta que las gambas estén hechas pero aún tiernas.

Espolvorear de cilantro picado y distribuir entre boles. Se pude añadir más cilantro o zumo de lima en la mesa, según el gusto.

Corazón con doble vuelta en el pecho.

Hummus – las recetas de la #twittarta navideña

He estado unos minutos con la mirada perdida en el vacío, intentando recordar cuándo, dónde comí hummus por primera vez. Y cuando la memoria ha llegado, de pronto, he soltado una carcajada. Becki, Woodbridge, Inglaterra, verano del 1990.

Sé que lo que se dice, por ahí, es que en Gran Bretaña se come mal. Yo creo que la comida británica – que no es necesariamente lo que comes cuando vas a Gran Bretaña – tiene un porqué y un contexto (climático), y sí me parece rica e interesante. Entonces yo estaba en mi primer largo viaje por mi cuenta, e Inglaterra con 17 años fue un descubrimiento de nuevo sabores.

Recuerdo los cracker de agua con mantequilla salada, dorada y untuosa, acompañados de Stilton. O el cottage cheese con pepino picado dentro. O los sandwich, hechos con pan de molde bueno, sabroso, suave. Rellenos sencillamente de cheddar y pickle – algo que para mi aún ahora es comfort food. Y el hummus, que venía del supermercado en pequeñas terrinas de plástico.

Después lo he comido muchas veces, pero siempre ya preparado: en Marks & Spencer tenían uno bastante bueno, y en Delina’s (que, no es casualidad, fue una copia fiel -excepto en los derechos de imagen- de Pret A Manger) se usaba para aliñar las ensaladas.

Cuando me di cuenta de que no era difícil hacerlo, empecé la auto producción. Ahora está entre esos platos que hago sin pensar, a ojo, como la salsa de tomate o el gazpacho. Es un buen plato para una merienda o como aperitivo de una cena, y viaja muy bien así que es ideal para llevar a un picnic.

Se puede comer con su acompañamiento tradicional, el pan árabe, o pita (calentado un poco y cortado en cuartos), pero también queda bien con totopos (los chips de tortilla mexicana) u, opción sana, con crudités - cualquier verdura crujiente como zanahoria, apio, pimiento o hinojo.

El ingrediente fundamental que no pude faltar es la tahina (también se puede llamar tahin o tahini). Es una pasta de semillas de sésamo, alimento común en todo el Medio Oriente. Suele venir en grandes botes de plástico de medio kilo, y si tenéis la suerte de tener una tienda árabe o una carnicería halal a mano (como yo cuando vivía en Madrid) es probable que la tengan, y a buen precio. En Sevilla encuentro sólo tahina griega en el Club del Gourmet de El Corte Inglés, por unos 3,50€ el bote: no es poco, considerando que se utiliza bastante cantidad.

En las tiendas de alimentos biológicos también se encuentra tahina, de un color muy oscuro: a mi personalmente no me gusta, porque tiene un sabor demasiado fuerte, distinto.

Esta receta va dedicada a Rafa y Fran, a los que antes gustaba el hummus del Taibísimo, y ahora espero que ya no. ;)

El hummus es un plato difundido en todo el Medio Oriente, desde Egipto hacia este, llegando hasta Grecia y Turquía, pasando por Israel, donde es plato nacional (muy a pesar de sus vecinos). (Todos los couchsurfers israelianos que hemos acogido viajaban con su bote de tahina, qué maravilla!). Se come en todas las comidas, pero es un típico plato de desayuno.

HUMMUS

  • 250 g de garbanzos cocidos
  • 1 cucharilla rasa de sal
  • 2 dientes de ajo
  • 1/2 vasito de zumo de limón
  • 1/2 vasito de tahina
  • 1 tacita de agua

para decorar:

  • aceite de oliva, perejil picado, comino en polvo, aceitunas negras, pimentón

para comer:

  • pan árabe (pita), totopos (chips de tortilla de maíz fritas), crudités (zanahoria, pepino, apio, pimiento, coliflor, hinojo crudos y cortados en trozos pequeños)

Batir todos los ingredientes en una batidora o con la minipimer, hasta obtener un puré ligeramente sólido. Probar el gusto y ajustar de limón, sal o tahina (esto es como el gazpacho, hay que ir probando).
Extender el puré en un plato y decorar con aceite de oliva, comino en polvo o pimentón. También le quedan bien unas aceitunas negras.

Receta adaptada de Salah Jamal, “Aroma Árabe”

Nueces picantes del Union Square Café – las recetas de la #twittarta navideña

“Anna, tienes que llevar esto al próximo TwittSev, te lo quitarán de las manos!”. Me decía Moi sin poder despegarse del bol de nueces picantes.

Fueron el verdadero éxito de la #twittarta, ya que al principio apenas le echaban cuenta (en fin, un bol de nueces, ya ves qué novedad) y al final se las pasaban de mano en mano. Muchos creyeron que eran compradas, y es lo que más me gusta de esta receta -no, mentira, es lo que me gusta de todas las recetas: a menudo hacer algo en casa es fácil y sabe mucho mejor de algo comprado.

NUECES DEL UNION SQUARE CAFÉ

  • 500 g de nueces mixtas – cacahuetes, anacardos, avellanas, nueces, almendras con piel (y si las encontráis, pacanas)
  • 2 cucharadas de romero fresco, picado gruesamente (un par de ramitas)
  • media cucharadita de cayena
  • 2 cucharaditas de azúcar moscovado (a falta de ello, azúcar de caña regular)
  • 2 cucharaditas de sal de Maldon (se puede sustituir por sal gorda)
  • 1 cucharada de mantequilla, derretida

Calentar el horno a 180ºC.

Mezclar todas las nueces en una bandeja de horno. Poner a tostar hasta que tomen color, tardarán unos 10 minutos.

En un bol mezclar el romero, la cayena, el azúcar, la sal y la mantequilla derretida.

Sacar las nueces del horno, meterlas en el bol y mezclar bien con el aliño. Servirlas templadas.

Si sobran (casi imposible) se pueden volver a calentar pasándolas unos segundos al microondas.

Receta de Nigella Lawson, Nigella Bites