El título del post es engañoso, si has leído el libro de Mc Ewan: ahí las cortesías para los invitados se vuelven en trágica pesadilla. Yo me refiero de verdad al cariño de los extraños, los que hemos conocido (y que seguimos conociendo) día tras día con Couchsurfing aquí en Barcelona. Personas distintas y bellas y abiertas que nos han acogido y nos hacen sentir en casa. Que han aceptado y manoseado y a veces incluso aguantado nuestros hijos. Que siguen demonstrándonos que nunca se pueden tener suficientes amigos.
El martes es día de playa. Ya somos unos habitués. Llegamos, hola, qué tal, ¡hombre!, León no te alejes… Pura rutina. Esta semana ya conocemos unas cuantas personas y no nos sentimos fuera de lugar. León desaparece para jugar con Ronan, y Linus da la vuelta de todos los couchsurfers a ver quién aguanta más.
Tom era especialmente entusiasta de Linus, que recambiaba feliz. Nuestros hijos tienen un sexto sentido para las personas acertadas.
El 15 hemos hecho un picnic en el parque de la Ciutadela. Mucha comida, mucho vino, mucha charla. Tanta, que hemos pasado de ser padres relajados a padres distraídos. Gulsah se ha dado cuenta de que Linus faltaba desde hace tiempo… Yendo del picnic a los juegos, tiene que haberse distraído y ha tirado por el otro lado. Policía mobilitada, los couchsurfers que le conocían también… Ha sido encontrado después de veinte minutos, había llegado casi a la salida del parque.









