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Tanti auguri (a me)!

Cuando se trata de mi cumpleaños, no tengo vergüenza ninguna. Lo anuncio semanas antes, pido felicitaciones, me regocijo en ellas. Los regalos me dan igual, lo que añoro es la atención. Aún hoy, con 37 años, mi año gira alrededor del 23 de marzo.

Dondivino

Esta mañana lo he celebrado en Don Divino, la pastelería napolitana de Sevilla, con Fernando. Un buen trozo de pastiera, un bizcocho de chocolate, y un regalo perfecto – el libro de Elena Kostioukovitch “Why Italians Love To Talk About Food” (“Por qué a los italianos les gusta hablar de comida”). ¡Qué bien ha empezado el día!

Desde que ha nacido León (el 26 de marzo) las celebraciones han cambiado un poco, pero de eso escribiré el viernes. Hoy, es para mí.

Maramao perché sei morto?*

Las fotos de Elena en el mercado de Trento me arrancan suspiros de morriña. Cuando vivía en Pordenone, los miércoles y los sábados por la mañana tenía el mercado literalmente detrás de mi casa, en Piazza della Motta (que sería Mota, pero todos dicen Motta). Frutas y verduras, quesos, pollos vivos, flores frescas. Cajas y cajas de ensalada al corte – rúcola, valeriana, soncino, brotecitos. Una vez a la semana, unas flores – anémonas y ranúnculos y fresias, a veces tulipanes. Amarillos, rosa, fucsia, morados.

ROSA CARAMELO

Las anémonas siempre me recuerdan a un cuento que tenía de niña, , Rosa caramelo de Adela Turin.

Érase una vez, en el país de los elefantes, una tribu en la que las pequeñas elefantitas tenían que comer exclusivamente flores rosa para que tuvieran los ojos brillantes y la piel suave como la de sus mamás. Para empujarlas, les ponían calcetines rosas, un elegante cuello y un lazo también rosa. Ellas miraban encantadas sus hermanos y primos, todos grises, jugar y retozar en la hierba y en el barro. No obstante las anémonas y las peonias, Pasqualina no lograba asumir el color rosáceo de las otras elefantitas. El color gris de su piel preocupaba mucho a sus padres, que se preguntaban quién la habría pedido en esposa.

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Naturalmente Pasqualina logra obtener la libertad para sí y para sus compañeras (dejan de comer las flores y vuelven a estar grises, y ya no se les pude distinguir de los elefantitos – por lo menos creo que este fuera el final, el libro está en casa de mi madre en Roma y no puedo controlarlo).

De Adela Turin es muy bonito también La verdadera historia de los bonobos con gafas.

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Donde las bonobas, harta de los bonobos vagos y tontamente instruidos, primero intentan hacer lo que hacen ellos (aprenden inglés, se ponen las gafas), luego los mandan a freír espárragos y se marchan al bosque a hacer todo lo que las hace realmente felices. Los bonobos tienen que empezar a buscarse la comida, y algunos, al parecer, pidieron a las bonobas quedarse con ellas, en el bosque, a compartir esa vida tan agradable.

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*título de una popular canción italiana de 1939. “Maramao ¿por qué te has muerto?”. El texto dice: “Maramao, ¿por qué te has muerto? / pan y vin no te faltaban / la ensalada estaba en el huerto / y una casa tenías tú”. Cuando pienso en ensalda, siempre pienso en esta canción.

Comidademama en Sevilla /Punta Umbría

versione italiana

Estoy otra vez en la terraza del piso de Carlos en Punta Umbría. La terraza es enorme, a la sombra, con vistas a la Ría (y al polo petrolquímico de Huelva, que tiene su encanto). Hemos tenido suerte, este año: buscábamos unas vacaciones a coste casi cero, y este amigo nos ha ofrecido su casa hasta finales de junio. Y en vez de venir hoy por primera vez, la hemos inaugurado hace diez días, con Elena, her wise, y Martitita.

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Hemos tenido la suerte de coincidr con la Feria de la Gamba y de la Chirla. Instalados debajo de la terraza, en una gran carpa decorada por gigantescos pinchos de gambas y aceitunes en papier mâche. collage puntaumbria 2

Los espectáculos nocturnos han sido algo problemáticos – conciertos de cantantes locales con bases pregrabadas y bailarinas muslonas, o de una folcórica que se cambiaba de ropa cada tres canciones. A todo volúmen, y no acababan nunca antes de las 2. Para aguantar, hemos tenido que ir de vino blanco di Huelva, fresco fresco, que compraba Elena en sus aventuras por los puestos de la Feria (ya que, como todos saben, Ella No Habla Con nadie). Buenos invitados, los nuestros, ya que despacito despacito se iban tres botellas (además de las cervecitas de aperitivo) cada noche.

Alrededor de la Feria hay todo un negocio de puestos afines. Saliendo de casa pasábamos siempre al lado de este puestecito que tenía sólo camarones, bocas, cangrejos y gambas blancas.collage puntaumbria 1.jph

La gamba blanca, pequeña y sabrosa, se pesca en estas costas. Compramos algo en el mercado, 8 euros el kilo. Luego las cocinó Elena, en la sartén, y estabán perfectas así, sencillas. Las hemos comido a la ligera – en la boca aún teníamos el recuerdo del atún rojo que Juan había preparado estilo tataki. Atún rojo, exacto, ese que no se debería comer porque sobre explotado. Pero era tan guapo, rojo y brillante, en el puesto del mercado; y por sólo 18 euros el kilo. Apenas como atún en el año, por una vez que lo encuentro tan bonito, y tan local, qué se supone que tengo que hacer? Para equilibrar las cosas, tomamos también unas veinte sardinas, para asar en la parrilla (sí, el piso también tiene parrilla).

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El señor del puestecito estaba entretenido con el reportaje fotográfico que le estábamos haciendo, y no paraba de repetir: “Esta noche habrá más, esta noche!”. Al final no compramos el cucurucho de camarones. Los camarones, gambitas diminutas, grandes como una uña, se comen a manadas, enteros, como si fueran cacahuetes. Saben a mar, crujen un poco en la boca y a veces te encuenras con trozos de bigotes entre los dientes. Por no hablar de la satisfacción de comer un animal entero! Cada vez, me siento Polifemo.

cinco proyectos

versione italiana

Después de doce años viviendo en España, decido que igual sería bonito escribir en español, si no cómo puedo aburrir a todas las personas que conozco aquí?

El viejo proyecto del urban blog y el aún más viejo de un sitio de reseñas de tiendas y restaurantes podrían fundirse. Elena me empuja, estoy pensando en ello con un amigo. Veremos.

Paseando por Sevilla cuento a Elena de la plaza del Salvador, de las calles donde hay sólo tiendas de vestidos de novias, del nuevo mobiliario urbano que ha sido criticado; ella dice que debería escribir de estas cosas – yo pienso que están bajo los ojos de todos (los sevillanos, claro) y no entiendo por qué alguien querría leerlas. Pero es verdad que cuando ella habla del mercado de Trento, yo la leo con mucho placer. Veremos.

En friendfeed oigo hablar mucho de GGD (Girl Geek Dinners) y me pregunto por qué no hay de eso en Sevilla. “Hazlo tú”, dice Michele. He ido al Twittsev a conocer gente, luego también al Iniciador, he conocido unas cuantas personas interesantes, será cosa del otoño. Veremos.

Panepanna, el horno de mis sueños, es el proyecto más parado – es también el que necesita dinero y un buen plan. Las ideas se acumulan, muchas se quedan y se vuelven muy fuertes. Antes o después. Veremos.