Quien haya tenido la desgracia de tenerme sentada al lado en alguna cena o congreso me habrá seguramente oído, en algún momento, alabar la prensa gastronómica estadounidense, en particular The New York Times, Gourmet (R.I.P.) o Saveur. Me parecen un estupendo ejemplo de artículos especializados ma non troppo, para el público general pero con una marcha más: ocupan ese territorio que aquí en España nadie ve, lejos de la élite de Apicius y de la cotidianidad marujona del Telerecetas. Artículos que hablan de temas actuales, que abordan recetas pero también cuestiones como la producción, la sostenibilidad, los precios, la historia, los principios detrás de un plato/restaurante/producto.
Hoy me ha llamado la atención un artículo de Florence Fabricant en el New York Times, “El arte perdido de comprar en la carnicería”.
Fascinante, porque una vez más me demuestra como ellos están volviendo cuando aquí, me temo, aún estamos llegando.
Fascinante, porque mucho Pollan, mucho kilómetro cero, mucho locavorismo, pero el hecho de que la gente esté empezando/volviendo a ir a la carnicería (en vez de comprar las bandejas del supermercado) se merezca un señor artículo.
Fascinante porque podríamos pensar pobrecitos, que no tienen carnicerías, pero realmente los envidio porque algunos al menos se están dando cuenta de que han perdido algo y quieren recuperarlo, mientras que yo voy a un carnicero que carnicero-carnicero no es, ya que la carne le llega ya despiezada y no lo saques del sota caballo y rey del filete-puchero-costillas.
Fascinante porque aquí creemos tener lo mejor de toda la vida, y aunque es verdad que tenemos muchas cosas buenas no queremos ver que hemos perdido muchas otras.
Yo, de mayor, quiero ir a un curso de despiece de cerdo como el Pig In A Day en el River Cottage.




