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Roma, por ti tengo dos estòmagos y màs si hace falta

Volveré más gorda, y más feliz. De esto, no tengo duda. imageA 50 metros de casa de mi madre está Faggiani. El mostrador de la bollería del desayuno es un poema, y mi única preocupación es que en los cuatro desayunos que voy a poder hacer aquí no voy a poder probar todo lo que hay. “Cappuccino e cornetto” – cappuccino y croissant, 2,10€. Aquí un café no pasa del euro – y es de mejor calidad y hecho mejor. Da que pensar, no?

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En Campo dei Fiori, aunque los bancos sean de guiris total – pasta de colorines, setas y tomates secos que buscan atraer con lo típico – el banco de la verdura me hace parar. Puntarelle! Alcachofas de dos variedades distintas! Radicchio!

 

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Para comer, nos llevan al Palazzo delle Esposizioni, al Open Colonna, espacio singular en el tejado. En fin de semana hay brunch con buffet libre (30€) que tiene muy buena pinta. Nos preparan un menú especial sólo para nosotros, pero nos quitamos los antojos con algo que no vamos a poder comer en Sevilla, como por ejemplo la porchetta.

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La parte de quesos tampoco está nada mal – ese gorgonzola me ha sacado una lagrimita. Y habéis visto la ensalada, que verde? Nada de iceberg aquí, la verdura en Italia es un tema serio.

 

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Me quedé con el móvil sin batería, y de los platos de Antonio Colonna me quedé sólo con este (pero Elisia ha sacado alguna foto en Facebook). Curiosidad: el pequeno menú degustación se compuso de un aperitivo, tres platos de pasta, uno de carne y postre. La verdura, presente en la mitad de los platos. Igual váis entendiendo mi affaire con los carbohidratos.

Esta noche salimos a tomar pizza cerca de casa, mañana creo que hay más pasta (carbonara en Roscioli), pizza (en La Gatta Mangiona), el martes una pajata al límite de lo legal. Lo dicho, volveré más gorda, y màs feliz.

De viaje, un poco

Todos los meses viajamos por deber – es lo que tiene tener un pie en Galicia y uno en Andalucía – aunque siempre conseguimos que también sea por placer. Como en Nochevieja, cuando aprovechando las subidas y bajadas obligadas para ver a todos nuestros hijos paramos en Cáceres unos días y estuvimos explorando Extremadura. Una pena que en el vídeo no se escuche el audio – sonaba música country, y en la estepa de la Vera encajaba muy bien.

Hoy nos vamos unos días en un viaje de placer a Roma, nuestro mini regalo de Navidad retrasado. Por supuesto, hemos conseguido que además del placer haya algo de trabajo. Que para nosotros, al fin y al cabo, es lo mismo.

Recuerdos de Italia – Venezia

La última ciudad italiana en la que viví, antes de venirme a España, fue Venecia. No obstante todas sus peculiaridades, o quizás justo por ellas, es la única ciudad italiana a la que podría imaginarme volver a vivir.

Estas Navidades pasadas volví un día, en viaje relámpago desde Pordenone, para verla otra vez con los ojos de Jorge. Venecia en invierno, saliendo un poco de los recorridos turísticos, es algo precioso. Tuvimos suerte, nos hizo un día soleado aunque frío (nada que no se solucione con un spritz de vez en cuando).

Hice pocas fotos – a veces cuando estoy disfrutando profundamente de algo, se me olvida. Jorge sacó más, cuando él escriba el post podréis ver más variedad. (Ya está su post en Diario del Gourmet de Provincias)

Gheto vechio

Conocía ya algo el Ghetto de Venecia, pero no había vuelto desde que había empezado a interesarme por la cocina sefardí. Siempre impresiona ver los edificios altísimos (6 plantas), aunque yo as lo que iba era a la comida.

Pastelería ebráica

Parada obligada, el horno judío Volpe Giovanni, en una de las calles de acceso al Ghetto Viejo. Un horno en su mayoría normal, con productos que se encuentran en todos los (muchos) hornos venecianos: panes de distintos tipos y dulces (biscotti) tradicionales venecianos como los bussolai o i baicoli. Además, pan ácimo y dulces típicos de la tradición repostera judío-veneta.

Impade

Impade

Lo que más me fascina es la mezcla de dulces de origen ashkenazita (como lasOrecchie di Amman, versión italiana de los Hamantaschen) y sefardí (lasImpade, rellenas de huevo y almendra). Así era el Ghetto veneciano, así como mucha de la realidad judía en Italia, de todo tipo y al mismo tiempo única: las comunidades judías italianas se formaron muy pronto, en el I siglo d.C., o sea antes que se hiciera, por así decir, esa diferenciación entre judíos ashkenazitas y judíos sefarditas. Los judíos italianos eran eso: judíos E italianos de las ciudades. Se integraron en las ciudades donde llegaron, llegando a ser parte integrante de su sociedad civil. Por eso en Italia distinguimos entre cocina judía romana, cocina judía de Livorno, cocina judía veneciana… por citar a tres de las mayores comunidades históricas.
Impada

Una Impada – masa quebrada rellena de yema, azúcar y almendra molida. Riquísima, dulce sin serlo demasiado, y de un tamaño perfecto. Espero que haya una receta en el libro de Claudia Roden The Book of Jewish Food (no lo tengo aquí ahora mismo), porque parecen muy sencillas de hacer.

Orecchie di Amman

Orecchie di Amman

Unos Hamantaschen o Orecchie di Amman. La versión que conocía yo quedaba abierta encima (una simple búsqueda en Google Images lo explica mejor), y lleva tradicionalmente un relleno de semillas de amapola; así las comí hace un año hechas por mi amiga Orna. Son dulces típicos de Purim que es, para semplificar mucho, el Carnaval judío.

Estas llevan una más italiana mermelada de albaricoque, y estaban también espléndido, es ajusta mezcla de consistencia, sencillez y sabor que me encanta en los productos de horno.

Hablando de orejas, la versión sefardí de las Orejas de Amman son los crostoli, que en Galicia se llaman Orejas de Carnaval, y son extendidos en toda la área de influencia sefardita, hasta la Georgia. Aquí en España, una de las pocas huellas que han dejado (y de la que espero hablar cuando estemos cerca de Carnaval, que este año cae a principios de marzo).

Latteria

La leche, mi otro alimento fetiche, una de las cosas que más echo de menos (en otro post os contaré de la leche que tomé en Pordenone). Me gustó este local medio abandonado, donde seguramente se venderían otras cosas pero lo principal era eso, il latte.

Naranzaria

En italiano naranja se dice arancia, pero en véneto se dice naranza (una naranza, do naranze…). En el Mercado de Rialto hay un área dedicada sólo a ella, tal era la importancia que tenía el comercio de este fruto: la Naranzaria, o Naranjería.

Es el nombre también de un local curioso, muy pequeño dentro (con unas mesitas en el primer piso con unos ventanucos preciosos), una cocina hecha a misura del cocinero japonés Akira, y con una terraza impagable que mira al recodo del Canal Grande justo antes de llegar al puente de Rialto. Nosotros ahí sólo tomamos un spritz, pero erspero volver otra vez a por más.

Bancogiro

Ahí al lado están los soportales del Bancogiro (nombre tomado a préstamo por ese local), el banco mercantil donde se llevaban a cabo las transacciones de compraventa, actividad que hizo de Venecia la puerta de entrada de las especias en Europa antes de la conquista de las Américas.
Bigné allo zabaione (@Tonolo)

Juro que no comimos sólo dulces, aunque son las únicas fotos que saqué. Para redondear la tarde Tonolo era etapa obligada. Una pena no estar en época de Carnevale, cuando las vitrinas están llenas de frítole. Tuvimos que contentarnos con un bigné allo zabaione, un ¿buñuelo? ¿choux? grande como una grande mandarina, relleno de crema de sabayón. El glaseado de arriba es caramelo, duro y crujiente, que se deshace bajo los dientes, y su dulce compensa el alcól de la crema. Junto con un caffé macchiato, una delicia.

Hubo cicchetti (las tapas venecianas), vinos y spritz, un helado de crema de Grom para quitar los sentidos, baccalá y polenta, pero de eso igual hablará Jorge. Queda pendiente una visita dedicada de unos cuantos días, seguro.

Volpe Giovanni, Calle del Ghetto Vecchio, Cannareggio 1143, Venezia - 041 71 51 78
Naranzaria, San Polo 130, Venezia – 041 72 41 035
Tonolo, Calle de San Pantalon, Venezia - 041 52 37 209

Italians do it better

Decir palabrotas, por supuesto.

Ver este video (en italiano, lo siento) me hace sentir algo de nostalgia.

En Friuli, la gente dice palabrotas cada dos por tres; yo no lacía mucho (mis padres son de Roma, y allí dicen tacos de otra manera), y cuando me mudé a Venecia empecé a apreciar el lenguaje local.

Luego me mudé a España, donde primero tuve que aprender el idioma (y decir palabrotas está guay, pero no es exactamente lo que quieres decir cuando te presentan a alguien nuevo).

Luego tuve hijos, y un dilema: no quieres enseñarles palabrotas, en ningún idioma, así que dejas de decirlas. Pero luego ellos aprenden a decir palabrotas en español, y te das cuenta de la desventaja cultural que tendrán cuando viajen a Italia.

Así que creo que este video será muy educativo para León y Linus.