Ya estamos aquí! Pordenone, Friuli Venezia Giulia, Noreste, Italia! El viaje ha sido algo aventuroso, entre el madrugón a las 4 y media de la mañana y el pinchazo en el coche ya de camino a casa en Italia. Y menos mal que León y Linus son niños que viajan muy bien, cuando están en marcha se distraen con cualquier cosa y soportan las esperas.

Pinchazo es evidente un understatement: la goma sencillamente se desintegró, y acabamos los últimos metros sobre el metal. Tuvimos suerte y no pasó nada, a parte el aburrimiento de tener que esperar a la grua, y luego que cambiaran las ruedas en el mecánico.

Que al lado del mecánico hubiera un prado lleno de nieve facilitó la espera. Hace frío, los campos están llenos de nieve, y Pordenone está de lo más invernal-navideño. No creáis que es normal: tengo poquísimos recuerdos de nieve en Pordenone, menos aún tan pronto como en diciembre.
En la plaza central hay un gigantesco árbol de Navidad, el mercadillo navideño, olor a vin brulé y unas decoraciones preciosas (más que nada porque pegan mucho más aquí, entre montañas, que en Sevilla).
Pero, ¿y la comida? Oops, se me olvidó hacer fotos.
Al llegar a Treviso teníamos veinte minutos de espera, y fuimos a por el segundo desayuno. Nunca espero mucho de los bares de los aeropuertos, y siempre me olvido de que en Italia están bastante bien. Un buen cappuccino, unos croissants más que decentes, además de opciones impensables en España: el cappuccino normal o de cebada?
(En Italia hace ya muchos años que en vez de un mal descafeinado se ha optado por un buen sucedáneo de café con cereales, hecho siempre con la máquina expresso: aprended algo, plis).
Y el croissant, normal con mermelada, de cereales integrales y miel, con crema o con chocolate?
Un cappuccino y dos leches calientes (todos hechos con leche fresca de la central local, por supuesto, y la leche con espumita y un poco de cacao encima), dos croissants y una crostatina al chocolate, todo por 8€, o sea 2,70€ cada uno. Esto en un bareto de aeropuerto chiquitito cualquiera.
En el bar del aeropuerto de Sevilla, gestionado por Abades, esa misma mañana: una Pepsi, un Kas limón y un Colacao energy (el café es malísimo y el Colacao con leche UHT no gracias), un muffin de chocolate y una pseudoensaimada, 10,50€. O sea, un producto menos y 2,50€ más.

La foto de arriba es de León en pizzeria, por la noche. En mis talleres siempre cuento como no solemos hacer pizza en casa en Italia porque no es necesario: hay una pizzeria decente a la vuelta de la esquina. Esta está a 150 metros de casa de mi padre (y en un radio de 500 metros hay cuatro más donde elegir).
Como es normal, cada uno pidió su pizza: mis hijos una con prosciutto cotto (jamón york), mis hermanos una quattro fomaggi y una con salsiccia e patate al forno, yo una speck e brie. Como los jovenzuelos tenían más hambres, al final pidieron otra para compartir con rucola e grana. Las pizzas, entre 6 y 7 euros (las más especiales costaban 8). Con bebidas y cubierto, en total 58€ entre 5. Nada mal.